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¿Amor o trata? Conversaciones en una residencia entre migrantes. 


Por Zulay Melendez Pérez.

Tenía pocos meses de haber llegado a Argentina y convivía en una residencia junto a otras personas, algunas de ellas también migrantes. Recuerdo que un día, mientras estaba cocinando, conversaba con una de las chicas que vivía en el lugar -quien al igual que yo era de Venezuela- y me empezó a contar una noticia que la había mantenido alterada todo el día. Su hermana menor -19 años- le había avisado que iba a salir del país, pero a través de una propuesta: el chico de quien se había enamorado a distancia y con quien estuvo en contacto por medios digitales desde hace un tiempo, le propuso pagar su pasaje para salir del país por vía terrestre e irse a vivir con él.

Existían muchos motivos para que esa noticia nos pusiera la piel de gallina y podíamos identificar algunas situaciones en ese relato que evocaban un problema enorme que atraviesa la humanidad: la trata de personas.

Naciones Unidas define la trata como “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación”.(1*) Existen varias modalidades de la trata y una de ellas es la explotación sexual, de la cual estadísticamente el 95% de las víctimas son mujeres y niñas. Asimismo, el movimiento entre países de estas mujeres y niñas ocurre de manera más frecuente por vías sin controles migratorios, es decir, cruzan las fronteras por zonas sin puntos de control. (2*)

Imagen: @sexistencias

Para mediados de 2019, sabemos que alrededor de 4 millones de personas habían migrado forzosamente de Venezuela (3*) y, en medio de un contexto así, la trata de personas puede aumentar debido a la situación de vulnerabilidad; por lo que casos como el de su hermana podían ser una manifestación común del problema.

En medio de ese escenario, el aumento de los casos de mujeres y niñas venezolanas víctimas de trata fue evidente y entre el año 2018 y el 2019 los casos registrados (sabemos que, por cada víctima registrada, hay 20 más que no han sido identificadas) cerraron así: en el 2018 se registraron 372 víctimas y en el año 2019 alrededor de 480. Quienes captan a las personas pueden engañar a sus víctimas prometiéndoles un futuro mejor y asegurándoles que cubrirán los costos del traslado y demás aspectos del viaje que para la persona que forzosamente busca migrar son imposibles de pagar. (4*)

Por eso me preguntaba ¿alguien podría culparnos por sentir miedo ante la noticia de su hermana? La verdad es que no, y por tanto era necesario brindar la información adecuada y habilitar las redes de apoyo y el acompañamiento necesario para que el proceso migratorio de ella -la hermana menor de mi vecina de residencia- fuese lo más seguro posible. Además, sabemos que desde los Estados todavía no existe un abordaje integral de este tema, lo que impide identificar los casos de trata y por el contrario, se criminaliza a las víctimas.

La trata de personas es un ejemplo de violencia basada en el género, donde al mismo tiempo convergen distintos tipos de violencia (violencia física, psicológica, etc.). Si bien todas las personas pueden ser víctimas de trata, estadísticamente se demuestra que sus experiencias están marcadas por motivos de género, lo que hace que mujeres y hombres cis y personas del colectivo LGBTIQ+, atraviesen situaciones diferentes que requieren de un abordaje específico en cada caso. 

Esto significa que los Estados tienen el deber de aplicar la perspectiva de género como herramienta fundamental para el diseño e implementación de políticas públicas destinadas al abordaje y prevención de la trata de personas. Adicionalmente, se debe mantener un enfoque interseccional que permita visibilizar los diferentes factores que se entrelazan, como son la edad, la situación socioeconómica, la etnia, la situación migratoria, etc.; los cuales influyen en este tipo de delito. Así, se podrá entender mejor las diferentes formas que adopta el mismo, la experiencia diferencial de las víctimas por razones de género y, además, se podrá garantizar un correcto acompañamiento de las víctimas.

Por otra parte, los Estados deben brindar información pertinente sobre el tema para que en el día a día, podamos identificar situaciones de riesgo y de esa forma alertarnos y cuidarnos entre todas, todes y todos.

Y si bien, en este caso mi vecina de la residencia contaba con la información y pudimos habilitar redes de apoyo con otras personas migrantes para cuidar de su hermana menor, la principal responsabilidad en la prevención de este delito que viola los derechos humanos es y será siempre de los Estados.


(1*) Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional. Artículo 3. Disponible en: https://www.ohchr.org/documents/professionalinterest/protocoltraffickinginpersons_sp.pdf

(2*) Portal de datos mundiales sobre la migración. Disponible en: https://www.migrationdataportal.org/es/themes/trata-de-personas

(3*) Refugiados y migrantes de Venezuela superan los cuatro millones: ACNUR y OIM. Disponible en: https://www.acnur.org/noticias/press/2019/6/5cfa5eb64/refugiados-y-migrantes-de-venezuela-superan-los-cuatro-millones-acnur-y.html

(4*) Prevención de la trata en mujeres y niñas. Mulier. Disponible en: https://drive.google.com/file/d/1mKAhOW1MFIqD4sOrWSwV8JgpqR_0x1eT/view