No es violencia obstétrica, es violencia sexual
24/11/2021
Editorial
24/11/2021

“Buena presencia”: la invisibilización de la violencia a la hora de conseguir empleo


Por Samanta Moll.

Imagen: internet

“Se solicita personal femenino con buena presencia para tareas de limpieza” ¿A qué se refieren los avisos de empleo cuando solicitan “buena presencia”? ¿Qué violencias simbólicas están presentes en esta frase? ¿Cuánto gordoodio hay en las búsquedas laborales? 

En una encuesta, realizada a 250 mujeres en redes sociales y difundida luego por la página web “Talles para todos”, un 70% reveló que sufrió discriminación por su peso en entrevistas de trabajo y el 30% restante dentro de su trabajo. Las conclusiones a las que se arribó muestran que “(…) varias indicaron que solo pudieron acceder a trabajos de niñeras incluso teniendo título profesional que las habilita a otros puestos en empresas y todas en las entrevistas han recibido comentarios negativos sobre su imagen y sobre su peso. Las que indicaron discriminación dentro de su trabajo incluyeron en su relato que se las deriva a áreas donde no tengan que atender al público. A su vez contaron cómo patrullan su almuerzo o les comentan que no necesitan almorzar ya que tienen «reservas». También ante cualquier queja sobre pasar 8 horas sin sentarse recibieron respuestas referidas a su peso para indicar que ese es el factor exclusivo de una molestia en el cuerpo cuando en realidad las condiciones laborales son el único factor.” 

El gordoodio es un concepto reciente que dialoga con el concepto de gordofobia, que data de los años 70 en Estados Unidos, donde el activismo gordx tuvo lugar y en donde se desarrolló con más fuerza. En nuestro país este concepto crece de a poco y hoy está en auge. Esta palabra busca interpelar a toda la sociedad y frenar consigo la violencia y la discriminación que sufren las personas con cuerpos gordos. Pero no sólo eso, también deconstruir y desarmar los miles de traumas y trastornos alimenticios que genera este rechazo en nuestro propio cuerpo. Quienes elegimos enunciar gordoodio pensamos que en el lenguaje hay una intención política y que no es una fobia lo que desarrollan las personas frente a la gordura sino discursos de odio que se reflejan en prácticas y se transforma en violencia simbólica.

Según el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), en 2017 hubo 116 denuncias vinculadas al aspecto físico, y en 2018 el número ascendió a 184. Respecto de los distintos ámbitos donde más denuncias se registraron, en primer lugar aparece el empleo, seguido por los comercios y los lugares de entretenimiento (bares, boliches, espectáculos). El orden cambia cuando hablamos específicamente de obesidad. En este caso, lidera la lista el ámbito de la salud, luego el empleo y por último los ámbitos educativos (primarios, secundarios y universidades). Es importante entender que el número de denuncias no refleja estadísticamente la situación ya que en muchos casos no se realiza la denuncia, y en otros la persona no tiene manera de comprobar que ha sido víctima de estas condiciones discriminatorias. 

El principal problema que se encuentra al intentar abordar la violencia estética hacia las mujeres al momento de conseguir empleo es que no ha sido estudiado en su complejidad. Se han elaborado informes para medir las violencias y el acoso en el mundo del trabajo como los informes de la OIT, pero todos estos desarrollan recomendaciones para la eliminación de la violencia dentro del trabajo. No hay estadísticas ni estudios sobre el paso previo, sobre las mujeres que son discriminadas y violentadas por su físico antes de conseguir el trabajo.

El término violencia estética es acuñado por Yeimy Vanessa González Navarro en 2018 para intentar tipificar una violencia que permanece oculta y naturalizada dentro del sistema capitalista y patriarcal en el que vivimos. “(…) La violencia estética debe comprenderse como ese control social y simbólico que sobre el cuerpo femenino ejercen los aparatos y dispositivos del sistema (medios de comunicación, escuela, Estado, industria de la moda, mercado cosmético, etc.), los cuales se han encargado de crear tipologías de cuerpos y emitir discursos para legitimar cierto tipo de belleza como la correcta, y hacer que las personas, casi de forma inconsciente y natural, quieran adoptar para sí los modelos de cuerpos perfectos que para el colectivo se conciben como el ideal, el deber ser, el patrón a seguir.”

Es casi imposible constatar que una mujer fue víctima de una situación gordoodiante y que por eso no obtuvo el trabajo, como casi imposible es también determinar a qué aluden las empresas cuando solicitan “buena presencia”. En este último punto hay que remarcar que el imaginario social presente en estos discursos depende de si el puesto al que se aspira es de atención al público o no; sin embargo la discriminación ejercida a la hora de pensar qué tipos de cuerpos deben estar al frente de la atención al público es también un factor a desarmar de la violencia estética a las que se ven sometidas las mujeres. 

En el informe “Discursos discriminatorios y gordofobia” elaborado por el INADI en 2020, se indica que en los relevamientos realizados en 2019 para la confección del Mapa Nacional de la Discriminación “(…) es preocupante ver que la obesidad y el sobrepeso han cobrado aún mayor importancia (que en el anterior del 2013), ubicándose en el segundo lugar dentro de los tipos de discriminación más mencionados.” También agregan que “(…) existe un profundo sesgo de género en esta problemática: los datos del Mapa Nacional de la Discriminación revelan que la discriminación por sobrepeso se percibió y experimentó mayormente entre las mujeres. Es sobre ellas que recae con mayor fuerza el mandato. Y las publicidades que muestran los cuerpos de las mujeres con características de delgadez extrema resultan altamente nocivas para las jóvenes en particular. Dentro de la lógica de una cosificación de los cuerpos, gran parte del discurso publicitario refuerza la idea de que los cuerpos socialmente aceptables solo son bellos y atractivos, cuando son cuerpos flacos. En este sentido las imágenes operan como mensajes normativos en el plano psicológico, no sólo a niveles explícitos sino también subliminales, impactando fuertemente en las subjetividades.”

Demostrar la discriminación por gordoodio hacia las mujeres en entrevistas laborales puede ser muy difícil. Sin embargo, algunas vetas de esto podemos verlas en las mujeres que están ya incorporadas en el mercado laboral. Un estudio de 2010 publicado en la revista médica Journal of Applied Psychology reveló que las ejecutivas muy delgadas cobraban unos 22.000 dólares más al año que sus colegas y las delgadas, 7.000 más; por el contrario, las gordas perdían 9.000 y las muy gordas, 19.999. Otro estudio de 2013 constató que entre un 45% y un 65% de los CEO masculino estadounidenses tienen sobrepeso, un exceso que no se les consiente a las mujeres si quieren ascender en su trabajo: solo entre el cinco y el 22% de ellas está por encima de peso.

En conclusión, es posible afirmar que la interseccionalidad entre las categorías de género y aspecto físico actúan acentuando la violencia estética ejercida sobre las mujeres a la hora de encontrar empleo, además, el gordoodio, al ser una violencia completamente naturalizada y oculta, es muy complicada de ser medida y denunciada.