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Cuerpo(s) en emergencia

Por Magalí Bergera


El debate por el aborto es también el debate por el cuerpo y por el lugar que ocupa. Desde el campo del psicoanálisis, cuando hablamos de cuerpo no hacemos referencia a la conformación orgánica, nosotrxs trabajamos con otro cuerpo, que no es el de la medicina, ni el de las ciencias jurídicas, es el cuerpo simbólico, al que le suceden cosas que escapan al abordaje médico.

Cuando un ser humano nace, en principio, es un organismo viviente y la estructuración del cuerpo se dará como consecuencia de la relación con un otrx. La entrada en el lenguaje y la cultura se produce, es vehiculizada, por alguien que, en el mismo acto de nombrar (acariciar, cuidar, besar, mimar), comienza a delimitar un cuerpo y un psiquismo en ese cachorro humano recién nacido. El cuerpo biológico, deviene de esta manera, cuerpo erógeno, pulsional. Un cuerpo que se entreteje en el decir, que es organizado y al mismo tiempo alterado por el lenguaje.

La relación a establecerse con el cuerpo, marcado no sólo por su propio recorrido libidinal, sino también por la cultura en la que se desarrolla y los espacios que se le habilitan para circular, es una experiencia que cada quien atravesará de manera singular.

Pensarlo como ahistórico, ajeno al tiempo y al espacio en el que se desenvuelve, es de una simplificación excesiva, funcional a producciones teóricas reduccionistas, enraizadas en conceptos vacíos y generalmente, patologizadores.

Ciertos diagnósticos y argumentos médicos, las controversiales versiones de los extensos manuales de psiquiatría, utilizados estos como sagradas escrituras, podrían ser un claro ejemplo de lo recién mencionado. Que favorecidos por la legitimación de gran parte de la sociedad, homogenizan a lxs sujetxs y sus malestares.

Poder pensarnos en nuestra singularidad, pero acompañadxs de los colectivos que alientan las diversas discusiones que se dan en torno al cuerpo, desde lo político, lo social, lo cultural, la salud, nos da la posibilidad de apartarnos de los discursos que tienden a ubicar al mismo como una superficie pasiva, sin posibilidades de transformación.
Entonces, la discusión por la legalización del aborto, no es sólo una cuestión de salud pública, es también la oportunidad de disputarle el poder a los discursos que le muestran su eficacia a un sistema de relaciones sociales que históricamente ha obstaculizado el abordaje de temáticas tan importantes como la sexualidad, el placer, las maternidades, en un intento de universalizar como cada una de ellas nos toca el cuerpo.

El debate por el aborto es terreno fértil para continuar apostando a la aparición de nuevas tramas discursivas, apuntando a no cerrar sentidos para habilitar la emergencia de lo subjetivo en un contexto de pensamientos colectivos.