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Creamos puentes desde las heridas
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Editorial


Por Magalí Bergera.

Desde hace veinte meses saludar con un beso y un abrazo se ha vuelto un acto arriesgado. Desde hace veinte meses escuchamos las voces esperanzadas de quienes aguardan ansiosxs el regreso a la “normalidad”, como quien se despierta exaltadx de un mal sueño y se levanta para comenzar un nuevo día, rogando que esa sensación de angustia que sintió cuando abrió los ojos sea derribada por nocaut en los próximos minutos por la preocupación de alguna tarea pendiente del trabajo. 

Como si fuese posible establecer con exactitud matemática un punto de referencia en el tiempo y en el espacio al cual retornar para poder finalmente continuar con nuestra existencia. 

La idea de la puesta en suspenso del funcionamiento del mundo caló hondo en las redes discursivas del momento, sugiriendo que era una buena oportunidad para la introspección y el desarrollo de alguna habilidad oculta e inexplorada. Consigna –para un sector con determinados privilegios, claro- que tardó lo que un suspiro en convertirse en un nuevo imperativo de la temporada pandémica, atravesada a sus anchas por las lógicas de la productividad. 

Pero, ¿es posible un mundo en suspenso? ¿Hay paréntesis que nos salve de lo que acontece? Si somos lo que va sucediendo. 

Nuestrxs cuerpos, nuestros pensamientos, nuestros decires son atravesados, moldeados y modificados por lo que sucede. 

No hay punto de retorno que nos rescate. 

Vamos siendo en medio de la peste. 

Entre la ambición desmedida que todo lo prende fuego y que todo lo inunda por un pedazo más de tierra. 

Entre el hambre y la desesperación de los más pobres.

Vamos siendo también, entre la multiplicación y reproducción de las violencias. 

Entre los cuerpos que duelen por no ajustarse a los mandatos.

Entre cada mujer que muere en manos de un varón. 

Entre el miedo de que otra piba no llegue a su casa. 

Entre el odio que escupe la hegemonía. 

………………

El mundo no se ha detenido. 

Hace más de siete meses que Tehuel no aparece. Y la lista se extiende. Y obligamos a la memoria a que se colectivice para que no dejen de estar presentes -por lo menos ahí- quienes desaparecen aun estando en democracia. 

¿Cuántas violencias más tendremos que soportar? 

Este nuevo número de Deconstruyentes reúne algunas reflexiones sobre el ejercicio de las violencias y su incesante reproducción. Nos volvemos a (re)inventar sobre los dolores que arrastramos y las marcas que nos dejaron. Nos infiltramos ahí, donde se producen las fisuras de los relatos que tanto tormento nos han causado, para continuar la batalla de poner en palabras y en movimiento lo que (nos) acontece,  colaborando así, en el avivamiento del fuego que nos agrupa y nos hermana en esta lucha por una sociedad un poco más justa e igualitaria.