Cuerpo(s) en emergencia
12/06/2020
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12/06/2020

¿Es traumático el aborto?

Por Natalia Popowski


Muchas veces se habla de los efectos traumáticos que puede ocasionar el atravesamiento de una situación de aborto. Sabemos que no resulta una experiencia sencilla, tener que exponer el cuerpo, en sus dimensiones material y simbólica. Es probable que ninguna persona quisiera pasar por esa situación. Pero, que resulte per se traumático, merece, al menos, un signo de interrogación.
¿Puede el hecho en sí generar un trauma en la subjetividad, una marca que no podrá elaborarse y que retornará en el psiquismo, sin velo, desbordándolo?. ¿Qué sería lo traumático, para una persona, cuya certeza de no maternar, -por no desearlo, por no contar las condiciones económicas, por no ser el momento, por los motivos que sean, que todavía parece que hubiera que darlos- la lleva a tomar esa decisión?
He visto, en el trabajo clínico, la imposibilidad de poner en palabras, de significar, una experiencia de interrupción de un embarazo no deseado. El no poder hablar de aquello que se presenta socialmente como prohibido, censurado; no poder compartir con otrxs; no contar con el soporte afectivo, ni con la trasmisión de la experiencia; el tener que soportar la mirada juzgadora de la familia, o su ocultamiento en el marco de la convivencia; la sensación de soledad e indefensión por atravesar esa situación de manera clandestina, incluso, cuando las condiciones materiales son las adecuadas para la salud. Esas circunstancias son las que pueden volver traumática una decisión personal, despojándola de herramientas simbólicas para su tramitación.
Asimismo, resulta fundamental tener en cuenta la dimensión social. ¿Qué significación social ha tenido el aborto?. ¿Qué impacto tiene dicha representación en la subjetividad?. Su penalización sintetiza el modo en que recae todo el poder del patriarcado, apropiándose de los cuerpos gestantes, sobre los cuales no se tiene derecho a decidir.
Si el patriarcado impone a esas subjetividades, el deber de ser mujeres sólo destinadas a ser madres; entonces, el aborto implicaría atentar contra el sentido de su existencia, de su razón de ser.
¿Qué devela el deseo de abortar? Que la sexualidad se desprende del fin reproductivo, que puede no enlazarse a la maternidad, y que otros deseos son posibles.

Entonces, es el hecho de la clandestinidad, lo que puede volver traumática una decisión, atribuyéndole un sentido negativo y prohibido. Se instala como un acto indecible, rechazado social y jurídicamente, que es nombrado sólo para ser penalizado. Obliga a una subjetividad a negar, ocultar, rechazar, silenciar dicho acontecimiento, y a cargar con un sentimiento de culpa, por el sentido pecaminoso que se le atribuye a la sexualidad.
No es la acción de abortar per se, lo que podría, o no, devenir en traumático. Son las condiciones en que dicho acontecimiento se llevará adelante, condiciones materiales, sociales, culturales, legales y subjetivas, que impactan en el psiquismo y obturan la posibilidad de ser elaborado simbólicamente.
No es posible soslayar que, allí donde todas estas cuestiones se juegan, las personas pobres y subalternas son revictimizadas en contextos de mayor riesgo para su salud. Sabemos que no es igual para todxs, la desigualdad social estructural hace la diferencia. Las condiciones de insalubridad con riesgo de vida, al que son expuestas las mujeres, lesbianas, no binaries y trans, de menores recursos socio-económicos -quienes muchas veces terminan con hemorragias en guardias hospitalarias, maltratadxs por el discurso medico hegemónico, penalizadxs o muertxs- reduplican los nocivos efectos de la clandestinidad.
Por lo tanto, es posible afirmar que no es traumático el aborto, sino que, lo que deviene traumático, es principalmente, su ilegalidad. Las condiciones legales, socioculturales, y subjetivas serán los factores determinantes para que esa decisión se transforme en una situación traumática, o se atraviese como un acontecimiento de la vida, sobre el cual se ha podido decidir.
Son estas condiciones las que hay que modificar, para dejar de traumatizar y revictimizar, tanto a mujeres, como a otras personas con capacidad de gestar. Y esto sólo será posible, cuando el aborto tenga una legalidad irrestricta, y cuando sea el Estado quien garantice y haga efectivo su cumplimiento.