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Partenón.
Estructuras patriarcales que comprometen la estabilidad institucional en la justicia. 


Por Daniela Verónica Maza.

Imagen: Jorgelina Portaluri

Las estructuras pueden definirse como un conjunto de elementos que le permiten a un edificio mantener su contextura para hacerlo útil y mantener su estabilidad. Los arquitectos neoclásicos tomarán como modelo constructivo uno de los edificios emblemáticos de la antigüedad, el Partenón. Este monumento glorioso levantado hace 25 siglos en la acrópolis Ateniense en Grecia, es un símbolo de supervivencia en el tiempo de la cultura occidental y se refleja en la rigidez de sus materiales. Esta imponente obra arquitectónica tuvo grandes pérdidas humanas durante su construcción, pero servía a fines políticos. Tal esquema ha sido replicado en muchos edificios como por ejemplo en la fachada del British Museum, la Gliptoteca de Munich, en el Capitolio en Washington y en la Catedral Metropolitana. 

Con el paso del tiempo las estructuras modificaron sus diseños y materiales para hacerlas más funcionales sin comprometer su estabilidad. Si observamos el diseño funcional de las instituciones,  advertimos que los modelos primitivos y neoclásicos siguen vigentes en nuestras arquitecturas imaginarias y tan rígidos como esos monumentos icónicos. Nuestras sociedades evidencian que estos modelos de pensamiento se trasladan al diseño de estructuras institucionales, preservando el verticalismo y la rigidez.

A su vez, son relevantes las connotaciones simbólicas de estos modelos y por ello no pueden ser ignoradas. Si pensamos en el poder judicial, inmediatamente identificamos notas que dan cuenta del valor simbólico que tiene la justicia en un Estado Republicano como es Argentina. Desde este enfoque y teniendo presente que las organizaciones deben ser sensibles al género y que las estadísticas muestran que las desigualdades y violencias de género se mantienen en el Poder Judicial, es momento de revisar no sólo los elementos que favorezcan la estabilidad y utilidad de la estructura institucional erigida hace más de un siglo y medio, con el objeto de que su existencia no se torna ilegítima y violatoria de derechos. Nótese que los cimientos del Poder Judicial sostienen la segregación vertical y horizontal de las mujeres que se proyecta en la baja representación en los cargos de magistratura y en el establecimiento y asunción de espacios estereotipados. Hay que tener presente que la arquitectura y la estructura están entrelazadas a tal punto que el desconocimiento de la desigualdad estructural entre los géneros puede limitar considerablemente las posibilidades de establecer un diseño que garantice la estabilidad y pueda evitar que se afecten vidas humanas, principalmente la de las mujeres, LGTTTTBINBQ+ que la integran. Además, si no existen recursos intelectuales y argumentos para identificar y resolver las problemáticas que genera una estructura judicial insensible al género, tendremos limitaciones a la hora de proyectar un modelo institucional que tenga cierto grado de complejidad para dar respuestas adecuadas. 

Cuando nos encontramos ante la necesidad de reconfigurar las estructuras institucionales, dada la obligatoriedad de transversalizar la perspectiva de género, debemos pensar en el tipo de estructura que pretendemos establecer. Es decir, tenemos que abocarnos al conjunto de relaciones que definirán el tipo estructural, por ejemplo mediante la aplicación de medidas de acción positiva para disminuir la brecha entre los géneros en la ocupación de cargos, un sistema de preferencias en la asignación de las vacantes a cubrir cargos de mayor jerarquía, la valoración diferencial de la formación en género, o diseñar criterios no patriarcales para la promoción, sin adjudicar responsabilidad a lx/la agente por la modificación en su trayectoria profesional debido a algún traslado, permuta, licencia, u otra circunstancia que habilite a la administración el manejo arbitrario y patriarcal.

La arquitectura primitiva tenía pocos elementos, ya que estos diseños se modelaron en función a la poca información y herramientas disponibles. Hoy el cambio social impulsado desde el movimiento feminista y transfeminista impone movilidades estructurales que deben ser resueltas de manera eficaz mediante la utilización de los recursos normativos e intelectuales surgidos bajo el paradigma de la igualdad entre los géneros e interseccional.

Así, la estructura va a estar operando como parte de ese lenguaje inclusivo y performativo de la arquitectura imaginaria, habilitando una expresión de la estructura que manifieste su solidez y resistencia. De este modo, el análisis de los problemas de legitimación e institucionalización de las desigualdades de género como problema público fue asumido por las autoridades del Consejo de la Magistratura de la Nación al ser incorporado en la agenda formal institucional. Si bien muchos cambios se observan mediante las Resoluciones dictadas recientemente por el Consejo como la que modificó el Reglamento de Concursos Públicos de Oposición y Antecedentes para la designación de magistradxs (Nro. 289/2019); la que estableció la licencia única por nacimiento y cuidado de hijo/hija, licencia por adopción, licencia por Procedimientos y Técnicas de Reproducción Humana Asistida y licencia por interrupción del embarazo para agentes del Consejo de la Magistratura (Nro. 7/21); la que crea el Registro Público de denuncias presentadas contra magistradxs por situaciones vinculadas a violencia de género (Nro. 8/21), y la dispuesta para garantizar la diversidad de género en la conformación de las ternas (Nro. 266/19), estas medidas constituyen los frisos de la estructura. 

La crítica feminista se centra en los enormes vacíos dentro de la estructura institucional que hacen visible la falta de respuestas adecuadas para las mujeres, LGTTTTBINBQ+ que integran el Poder Judicial de la Nación. Esto nos convoca a pensar si es necesaria la creación de un área que se encargue de trabajar las problemáticas que el propio organismo no puede resolver, debiendo someterse a profundas transformaciones para llegar al origen del problema. Es momento entonces de crear un espacio de denuncia, investigación y acompañamiento por fuera del Poder Judicial y el Consejo de la Magistratura con autarquía financiera y autonomía funcional, cuyas autoridades acrediten una larga trayectoria en la defensa de los derechos humanos de las mujeres y el colectivo LGTTTTBINBQ+. Así podremos formar las bases para la transversalización de la perspectiva de género y avanzar en otras dimensiones, como lo es la cultura organizacional.